Usar cada vez menos el correo electrónico

Los más jóvenes no lo usan, les huele a naftalina, es “viejuno”, pero en el mundo de la empresa sigue siendo una herramienta frecuente, intrusiva, molesta y hasta excesiva. Nos encaminamos a usarla cada vez menos e ir sustituyéndolo por herramientas más eficientes, más amables. Los cambios son progresivos y acaban tumbando a aquellos irredentos que dicen que lo que funciona no debe cambiarse. Yo creo que cuando algo funciona es el momento de cuestionarlo y , probablemente, cambiarlo, porque cuando caduca, ya casi no hay solución y se produce la hecatombe (puede que esté influenciado por el Debate del Estado de la Nación de esta semana).

Agendicitis, una inflamación que se puede curar.

La reducción de la gestión de las cosas que tenemos que anotar en la herramienta de la agenda o calendario no siempre se entiende bien, necesita que desaprendamos. Cuando comparto GTD en sesiones de formación, suelo encontrar que la gente deposita en la agenda las acciones que tiene comprometidas. Es verdad que cuando propones la alternativa, se ve fácil la necesidad de segregar tareas y agenda,  y se reduce esta a lo que es: en un momento y en un lugar e innegociables estos dos aspectos. La inflamación se reduce y uno se encuentra mejor, pero puede que esa inflamación tenga un origen que habría que escrutar. Cuando usas GTD no suele volver.

Que cambie el otro.

Modificar pequeños, a veces no tan pequeños, hábitos es una condición imprescindible para que GTD nos funcione realmente. Es, creo, la principal barrera de entrada donde el voluntarismo no puedo suplir esa modificación de comportamientos cotidianos nada saludables. La teoría es sencilla, pero la actitud más recurrente es ver en los hábitos de los demás el principal escollo (costumbre muy española). Necesitamos una fase de autoconocimiento que nos ayude a ver con claridad que, en todos los casos, quien debe de cambiar es uno mismo, y que difícilmente podremos operar el cambio en otros, casi nunca. Empecemos por nosotros.