Si llegas tarde, lo haces en mi tiempo.

Al hablar de productividad personal, a veces me quedan en el tintero cosas que le afectan de manera intensa pero a las que no dedicamos el tiempo que merecen como síntoma de improductividad. Hablaremos de la impuntualidad. Llegar tarde. Quien ejerce la impuntualidad se atribuye la potestad, que nadie le ha otorgado, de decidir lo que otro puede hacer, en la espera, con el tiempo.
Los impuntuales se reconocen porque siempre piden perdón al llegar y dan una larga explicación al retraso. Los puntuales, si llegamos tarde, tendemos a no ser muy exhaustivos en la explicación. Sabemos que no tiene perdón, salvo causa muy justificada.
Reuniones donde alguien se incorpora más tarde, otras donde has de esperar el inicio más allá de los cinco minutos de cortesía (sobre retrasos en consultas de dentistas estoy escribiendo un extenso ensayo).., un sinfín de situaciones que sumadas abundan en la improductividad imperante. La impuntualidad está en flagrante contradicción con la productividad. No lo es todo pero está en la base.

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