Si tu vas mal o regular, tu equipo difícilmente irá bien.

La semana que viene me invitan a hablar de productividad en un foro donde no es este el tema central. La organización ha pensado que la productividad personal es condición imprescindible para mejorar la productividad colaborativa, 2.0, compartida o como queramos llamarle. Para ello,  yo empezaré a hablar de lo personal para pasar a dar unas pinceladas de sus consecuencias para los trabajos/proyectos compartidos. Espero explicarlo bien y seguir encontrando gente que encuentre la productividad personal como un camino que tienen que empezar a andar también y, necesariamente promovida desde las organizaciones.

Si llegas tarde, lo haces en mi tiempo.

Al hablar de productividad personal, a veces me quedan en el tintero cosas que le afectan de manera intensa pero a las que no dedicamos el tiempo que merecen como síntoma de improductividad. Hablaremos de la impuntualidad. Llegar tarde. Quien ejerce la impuntualidad se atribuye la potestad, que nadie le ha otorgado, de decidir lo que otro puede hacer, en la espera, con el tiempo.
Los impuntuales se reconocen porque siempre piden perdón al llegar y dan una larga explicación al retraso. Los puntuales, si llegamos tarde, tendemos a no ser muy exhaustivos en la explicación. Sabemos que no tiene perdón, salvo causa muy justificada.
Reuniones donde alguien se incorpora más tarde, otras donde has de esperar el inicio más allá de los cinco minutos de cortesía (sobre retrasos en consultas de dentistas estoy escribiendo un extenso ensayo).., un sinfín de situaciones que sumadas abundan en la improductividad imperante. La impuntualidad está en flagrante contradicción con la productividad. No lo es todo pero está en la base.

Las listas.

Tengo cierta afición a las listas. Son rutinas que permiten reiniciar procesos desde un trabajo previo que facilitan las cosas. A veces, contadas en teórico, suenan a enfermo obsesivo, pero algún ejemplo ayuda a entender como pueden ayudar. Esto que cuento es absolutamente real. Tengo, entre otras, una lista con todo lo que llevo de vacaciones cuando el destino es único, de costa y en lugar de buen tiempo (caso verano 2013). Cada año puede que actualice con una o dos cosas, pero el núcleo permanece. Tiempo estimado en hacer una maleta, 6 minutos. El otro día a un amigo, de los buenos, se le ocurrió hacer una convocatoria con todos los “históricos” para un evento informal. Me llamó, recordando que yo tengo esa lista y que no falta nadie (sería un error catastrófico). Dos listas un poco tontas, pero hacer nuestras listas nos liberan de trabajos de memoria y, por lo menos a mi, ya no me sobra.

La esquina de seguridad en vacaciones.

Tiendo, y no es un gran invento, a descargar las cosas de mi bolsillo en un único punto de mi casa, un lugar donde caen llaves, cartera,  monedas, puntero, roller, pendrives….. Cuando estoy de vacaciones y llego a un alojamiento, casa, hotel, apartamento…busco, según llego, esa esquina de seguridad que conquisto para el resto del tiempo  en que estaré alojado. Es mi provisional bandeja de entrada. Funciona. Añado cargadores, objetos y papeles que procesaré, móvil…, y tomo ese lugar que me facilita la vida. El tema se complica cuando alguien de mi familia piensa que este espacio es colectivo y comienza a gestionarse comunitariamente. Una hija coge unas monedas, otra el cargador, alguien el móvil, aparecen cosas (¿)…

Habitualmente tengo que defender, por insolidario que parezca,  que los hábitos productivos son inicialmente personales y que cuando las fases de captura, procesado, organización, etc,, etc…se hacen colectivamente…, efectivamente, un monstruo. Un punto de egoísmo es recomendable. A partir de ahí estoy en condición de hacer todo el trabajo colaborativo que sea necesario. Respeten mi esquina se seguridad.