Lo primero que aprendemos es a decir que no.

La primera palabra que suelen aprender los niños es  “No”. Así, con mayúsculas, conocedores de lo que les interesa o no. Un poco egoístas, eso sí, pero con el foco muy claro. Con el tiempo vamos perdiendo esa capacidad, a resultas de cierta actitud políticamente correcta de aceptar casi todo lo que nos llega. La gestión de compromiso adquirido obliga  a recuperar el no. Un no educado y reflexionado, pero un no, al fin y al cabo. Me he visto en situaciones donde explicar que lo que previsiblemente tenia que hacer, al no estar alineado con mis objetivos , visión y misión en mi sistema GTD, no debía de hacerlo. Cuando uno es profesional independiente se puede manejar, pero cuando está en una organización el tema tiene alguna complicación adicional (nada es fácil). Centrar la energía en las cosas que has decidido y que te ayudan a seguir creciendo es un aspecto más que GTD propone y a lo que deberíamos decir que si.

Multitarea es cerotarea.

Hay quien presume de atender a muchos frentes al mismo tiempo y no tiene recato en hacerlo evidente. Contestar o hacer una llamada de teléfono, al tiempo que se escribe un mail y se sirve un café y se piensa en…Este es el problema,  que se está haciendo una cosa pero se piensa en otra , con lo que lo que se hace tiende a no ir muy bien. Antes de GTD yo ya había experimentando está sensación adrenalínica de sensación de hacer cantidad de cosas, un subidón y el bajón correspondiente. Ponerse en foco, poner toda la atención a la cosa, a una cosa, es el camino para resolverla de manera eficiente que yo encontré al aplicar Getting Things Done. Creo que es la única manera.