Hay que darle un poco de altura a las cosas.

Pedir altura de miras “con la que está cayendo” es de un optimismo militante. El corto plazo, lo urgente, lo urgentísimo, lo hiperurgente, parecen sobrevolar sobre todo lo que tenemos que hacer. Gran mentira de la que debemos salir. Cierto es que debemos de tener el control sobre la pista de aterrizaje a través de los compromisos y/o tareas, pero si no somos capaces de ver más allá, puede que no avancemos mucho. Esa perspectiva que nos dan las alturas de enfoque de GTD (a 9.000, 12.000 y 15.000 metros) es lo que nos permite ver un poco hacía el futuro –el futuro que nosotros nos escribimos-y hacía el que queremos caminar a través de la acciones. De todas formas,  el entorno actual, y en las manos en las que parece estar, semeja ser un lugar descontrolado y sin perspectivas. Hagámoslo nosotros por nosotros mismos, pero también por ellos.

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