Aquí el avisador.

Tengo la costumbre de capturar y realizar las demás fases de GTD,  que quien me lee conoce. Las cosas, las acciones, aparecen después de procesar y organizar  en el sitio adecuado para recordármelas.  No opero como agenda sino como sistema GTD que me permite ver constantemente el estado de las cosas. Conocedores algunos de mis clientes de esa “cualidad” milagrosa, me encuentro que algunos de ellos me piden que les recuerde cosas (de los proyectos compartidos) vía mail o llamada.  Hacer las cosas de valor tiene interés, pero que alguien funcione como recordador te convierte en irrelevante. No se si me estaré convirtiendo en el avisador irrelevante,  y prestando servicios periféricos en lugar de aquellos de valor añadido que creo que hago. Estoy camino de mi dimisión.

GTD está entre la autoayuda y la Virgen de Lourdes.

En algunos entornos, los más alejados de mi ámbito profesional, me surge a veces la necesidad de explicar GTD,  ya que saben que ando en el tema. No es que sea complejo de entender, pero necesita,  para los nuevos, al menos unos diez minutos para centrarlo (se admiten opiniones distintas). Muchas veces, y dada mi impericia en la explicación, creo que dejo a algunas personas una idea no muy precisa que sitúan entre la autoayuda y el milagro de Lourdes. A lo mejor necesito más de diez minutos o, probablemente, debo explicarme mejor. A lo mejor también es que cada vez se habla más de productividad personal  y, la verdad, se oyen cosas un poco raras. Ni autoayuda, ni milagros,  ni soluciones vitales en dos horas, tal vez mejoras progresivas.

Trabajar menos es un objetivo.

El título de esta entrada se que puede no gustar, que parecerá cosa de un vago y que, además, ahora no toca. Esta situación de horario imposible, tareas inexplicables sin horizonte conocido, proyectos indefinidos, me resulta muy conocida por haberla ejercido durante un tiempo. No escapo de mi trabajo, me gusta y puedo dedicar mucho tiempo, pero hay otras cosas que me gustan igualmente y quiero hacer. Nos pasa a todos. Aplicando GTD, enfocando mi atención he conseguido trabajar (actividad profesional remunerada) menos, sin abandonar, por supuesto, mis compromisos y hacer esas otras cosas. A veces tengo complejo de culpa, pero se me pasa rápido y además no lo digo muchas veces. Está es una de ellas.

Hay gente improductiva que es imbatible.

Pongamos que se llama Juan. Pongamos que es un empresario con gestión directa en tres compañías. Pongamos que el contexto no es el mejor, aunque exporta y mucho. Pongamos también que quiere ser más productivo y, como me conoce, ha intentado empezar con GTD. Me dice que tiene en la bandeja de entrada setecientas cosas sin procesar ☺. Sustituye productividad por energía (y no tiene poca). Es imposible. Nunca aplicará un sistema de productividad que le ayude. Es que GTD no es para todo el mundo. Necesita de un aprendizaje y hay quien no tiene tiempo. Es una gran paradoja. Juan quedó en llamarme un día para verlo con calma, pero se que no lo hará. pero cuando me vea me dirá “tenemos que ver eso”. Imbatible.

La procrastinación consciente.

Uno de los principales problemas de la productividad personal es la procrastinación, posponer lo que hacer, sin más criterio que no querer enfrentarse con la tarea. Sobre como evitarla hay algunas fórmulas que conocemos todos. Una de las ventajas de la aplicación de GTD es que nos permite procrastinar, siendo conscientes de que lo hacemos y de lo que procrastinamos. No se si en mis circunstancias el significado del verbo vale. Durante los últimos días he procrastinado (?) en mis entradas en este blog. Conscientemente he puesto el foco y la energía en otros tres proyectos relevantes y muy ilusionantes que creo que ahora van a buen ritmo. Ahora vuelvo a poner foco en mi blog. Gracias por seguirme.

GTD, todo o en parte.

Amalio Rey en su blog hace una propuesta sobre GTD que tiene mucho interés. Dice que una corriente de los que aplicamos GTD apostamos por aplicar por completo el sistema y habla de la posibilidad de GTD por capas.. Este concepto de GTD por capas (o fases) me lo proponen algunas personas a las que les hablo del sistema de David Allen y creo que, como propuesta, es una ventana que puede darle un aire distinto. Otra cosa es desvirtuar lo que sabemos fehacientemente que funciona, pero se agradece la invitación a reflexionar.

Desde la productividad personal hasta herramientas de colaboración 2.0

El martes 22 en Vigo se celebra una jornada sobre organización 2.0. A mi me toca arrancar con productividad personal en la primera intervención de la mañana. Creo que el repertorio es amplio y las cosas que se dirán tienen interés (pondría en duda lo que me toca por un ejercicio de humildad obligada), ya que la gente que habla tiene cosas que decir. Para quien pueda interesarle, le invito a que se anime.

Gran descubrimiento, GTD no hace las cosas.

A veces, de contar con un gran convencimiento una cosa, tendemos a trasladar una idea exagerada de lo que se habla (y lo dice el que escribe, que es publicitario). El último paso del flujo de GTD es “hacer” y resulta que, cuando ya elegiste lo  “que hacer”, te quedas solo. Así que, o lo haces bien, o mal,  o regular.. o no lo haces. Sólo depende de ti. Puedes manejar los resortes de GTD de manera exquisita y ser un improductivo. Espero no ser uno de estos. A partir de ahora, cuando lo cuente no me olvidaré de comentar este aspecto.

Si llegas tarde, lo haces en mi tiempo.

Al hablar de productividad personal, a veces me quedan en el tintero cosas que le afectan de manera intensa pero a las que no dedicamos el tiempo que merecen como síntoma de improductividad. Hablaremos de la impuntualidad. Llegar tarde. Quien ejerce la impuntualidad se atribuye la potestad, que nadie le ha otorgado, de decidir lo que otro puede hacer, en la espera, con el tiempo.
Los impuntuales se reconocen porque siempre piden perdón al llegar y dan una larga explicación al retraso. Los puntuales, si llegamos tarde, tendemos a no ser muy exhaustivos en la explicación. Sabemos que no tiene perdón, salvo causa muy justificada.
Reuniones donde alguien se incorpora más tarde, otras donde has de esperar el inicio más allá de los cinco minutos de cortesía (sobre retrasos en consultas de dentistas estoy escribiendo un extenso ensayo).., un sinfín de situaciones que sumadas abundan en la improductividad imperante. La impuntualidad está en flagrante contradicción con la productividad. No lo es todo pero está en la base.

Las listas.

Tengo cierta afición a las listas. Son rutinas que permiten reiniciar procesos desde un trabajo previo que facilitan las cosas. A veces, contadas en teórico, suenan a enfermo obsesivo, pero algún ejemplo ayuda a entender como pueden ayudar. Esto que cuento es absolutamente real. Tengo, entre otras, una lista con todo lo que llevo de vacaciones cuando el destino es único, de costa y en lugar de buen tiempo (caso verano 2013). Cada año puede que actualice con una o dos cosas, pero el núcleo permanece. Tiempo estimado en hacer una maleta, 6 minutos. El otro día a un amigo, de los buenos, se le ocurrió hacer una convocatoria con todos los “históricos” para un evento informal. Me llamó, recordando que yo tengo esa lista y que no falta nadie (sería un error catastrófico). Dos listas un poco tontas, pero hacer nuestras listas nos liberan de trabajos de memoria y, por lo menos a mi, ya no me sobra.