La productividad y el manejo de las expectativas.

No esperes mucho de esta entrada, puede que no te aporte mucho. No hay nada peor que generar expectativas que luego no se corresponden con lo obtenido. Hablo de una película, hablo de un libro o de un concierto…, o de una sesión sobre productividad personal y GTD. Invierto los primeros momentos de estas sesiones en poner en su contexto lo que vamos a hablar y no aventurar el fin de todas los problemas, la existencia de recetas mágicas desconocidas por el que me escucha, la tranquilidad del compromiso contraído eficazmente, el éxito, la felicidad y la vida eterna. Una reflexión sobre el tema y el compromiso de cada uno de ponerse a andar es un resultado más que satisfactorio.

Planificar no es adivinar el futuro.

En el arranque habitual de las sesiones que comparto para explicar como afrontar el arranque de nuestro GTD, siempre hay alguien que afirma que planifica sus tareas y lo hace asignando fechas y espacios –bloques- de tiempo para cada cosa. Cuando preguntas cuantas de estas predicciones se cumplen, se suele bajar la euforia. Nos enseñan que planificar es decidir lo que pasará en el futuro siendo este plenamente predecible. Craso error, el futuro es cambiante, y esto afecta a nuestras cosas por hacer. Organizarse, planificar debe de tener en cuenta este contexto de plena vorágine. Otra cosa es ensoñación. Ahí GTD propone alguna solución.

La energía como criterio clave para la realización de la acción.

Una de las primeras aportaciones que David Allen incorpora es la de aplicar el criterio de la energía disponible para realizar una u otra acción. Creo que, antes de GTD, ese criterio sobrevolaba, pero de forma secundaria, casi inconsciente: “estoy cansado, no hago esto”, “ voy bien, me meto con este ladrillo”   . Cuando se racionaliza y se aplica como criterio junto con otros, el avance es significativo. A principio suena raro, pero es muy eficiente.

Lo dice alguien que no es un fenómeno a primeras horas de la mañana, ni aguanta por la noche como una lechuza. Tengo un ciclo corto, muy corto. Ahora dedico mi atención considerando esa energía escasa en un tiempo limitado.

Hacer cosas que no se deben.

En una lectura lineal, poco contextualizada, o en una explicación del sistema rígida, a veces queda en el aire que nada debemos de hacer si no está alineado con nuestras alturas de enfoque. Como tendemos hacía la trascendencia, puede que no incluyamos acciones placenteras y de disfrute personal. Me veo algunas veces haciendo cosas ni previstas,  ni con encaje en mis proyectos definidos,  e incluso en mis áreas. Escuchar a cierto grupo de música, leer una novelilla, hacer un arroz con leche…¿queda sitio para esto o me estaré haciendo un antisistema?.

Irse y volver produce cierto placer productivo.

No parece muy recomendable, ni siquiera se debería decir, pero abandonar unos días –en coincidencia con unas vacaciones cortas – nuestro sistema de productividad, tiene algún efecto positivo. Es lo que tiene el reencuentro. Es algo así como una revisión semanal pero a la bestia. No creo que esté en la ortodoxia, pero sometido al control de la vuelta puede ser eficaz y recomendable. Existe una técnica creativa –alejamiento- que propone dar distancia a las cosas para volver. Podría ser.  Hemos vuelto.

Todas las acciones, pero no todas.

De tanto explicar que todo debe estar fuera de nuestra cabeza en un sistema ordenado para poder tomar la mejor decisión sobre lo que hacer a continuación, muchas veces surgen dudas sobre ciertas acciones por si deben ser sometidas al flujo de GTD o no. Creo que lo cuento con excesiva vehemencia y traslado que cada acción, por muy automática que sea, debe ser sometida al flujo. Acepto la culpa: desayunar, peinarse, ir al baño, vestirse…no deben de someterse a GTD :). Cada uno encuentra el limite, pero en caso de duda, incluyámoslo.

Hay días sin nada aparente.

Un tema que causa una cierta perplejidad inicial cuando comparto la metodología a seguir con GTD. Es la hipersaturación de fechas en nuestras tareas. Esos días, inventados en su mayor parte, que nos martillean la cabeza con una obligación artificial contraída, que no ayuda a hacer las cosas. Hay un proceso de desaprender (lamento esta palabra tan gastada), para ir eliminando aquellas fechas, que al ser irreales, laminan nuestra atención. Suele haber un consenso posterior en que la mayoría de esas fechas (las hay ciertas, por supuesto) son castigos que nos infringimos. Intente no castigarse más de lo necesario.