Creo que no siempre estoy alineado.

Estar en línea. Alinear es un verbo que me gusta mucho. Que las cosas estén en su lógica, que sean congruentes, naturales, que ni falten ni sobren. Una de las consecuencias de la correcta aplicación de GTD es que nuestros grandes intereses vitales vayan ” alineados” hasta llegar a cada tarea. A veces me veo haciendo cosas que después de una breve reflexión cuestiono si debía haberla hecho. Ni me mejoran ni me gratifican, ni gano nada con ellas. No están alineadas. Cada vez menos, pero sigo teniendo algunas.

Sobredosis de planificación, incluso con GTD.

Implantar el método GTD para la gestión de los compromisos que adquirimos requiere que dediquemos un tiempo a mantenerlo vivo y activo. Muchas veces creemos que las cosas se hacen por quedar escritas en una lista o apuntadas como tareas. Podemos hacer mapas mentales, aplicar la planificación natural de proyectos…, pero nada vale si no hacemos. Hacer es el fin y planificar es el medio. Hacer una de las dos cosas independientemente de la otra puede que no nos ayude casi nada. Quien no para de hacer sin haber planificado puede que no sepa a donde va,  y planificar permanentemente sin hacer…pues eso, casi nada.

Esos pequeños momentos de alegría.

En dos de las sesiones donde ayudo a profesionales que se sienten desbordados a arrancar con GTD surgió un momento que yo había tenido hace tiempo. Es ese darse cuenta de “como va” GTD,  ese “lo entiendo ahora y no es tan complicado”, ese “creo que ahora será sencillo mejorar en mis compromisos”.  Sin tener una gran complejidad GTD requiere atención, cierta perseverancia , y una aplicación rigurosa del método tal cual lo define quién lo ha puesto a nuestra alcance. Quién haya empezado y le haya entrado cierta desazón para aplicarlo que vuelva o que pida ayuda a quién ya camina por el. No recibirá más que buenas noticias.