Una acción tan a huevo que no la hago.

Compartiré una patología productiva propia, que me sucede con cierta frecuencia. La comparto porque no se si le pasa a más gente. Una vez aplicado escrupulosamente el flujo de GTD, tengo una acción descrita de muerte, con todos los recursos para ejecutarla, en el contexto adecuado, la energía precisa, tiempo para hacerla…y como está tan, tan para hacer, la dejo y pienso que tan poco esfuerzo no merece hacerse ahora. Y ahí queda, sin hacer. Hasta la próxima. La hago en otro momento y pienso, debería haberla hecho antes. No es un drama, pero me queda cara de noseque cuando me pasa. Creo que tiene algo de soberbia por mi parte.

Lo productivo que es hablar y, sobre todo, escuchar.

El sábado 13 de junio fui invitado a un encuentro entre personas que pensamos, escribimos y ponemos en práctica (por este orden) aspectos en la mejora de la productividad personal, la mayoría en referencia a GTD. Los encuentros desvirtualizados son, sin duda, una manera excelente de aprender escuchando. Gente muy interesante, aportando siempre valor en sus reflexiones. Son personas que sigo, algunos los conocéis, y que recomiendo muy enfáticamente. No es lo mismo que estar con ellos, pero casi, seguirlos es mi recomendación.
http://dutudu.com, http://reunioneseficaces.blogspot.com http://www.samuelcasanova.com http://efectivitat.com http://tecnicasdeorganizacion.com http://procrastinacion.org http://productividadygtd.com/ http://jordisanchez.info/ http://noeresmas.com/ http://canasto.es http://valedeoro.es http://davidtorne.com http://buenhabit.blogspot.com/

Se producen milagros todos los días de la semana.

No hay milagros, la vida de nadie cambia en una semana por usar GTD. Es más, es imposible que eso suceda en un corto espacio de tiempo. Los apóstoles sobrevenidos sobre un sistema que intuyen, pero que no conocen el mínimo exigible, prometen la curación definitiva, la mejora fulminante, la felicidad indiscutible, el vértigo de la infalibilidad, y todo ello haciendo poco, casi nada  o la nada más absoluta, solo con oírlo. Cada cierto tiempo alguien me comenta que hay quien habla de productividad personal, con web incorporada, por supuesto, y de GTD, sistema que el propio ha mejorado después de cinco minutos o algo más de reflexión. Mucho motivado vendiendo material averiado, sacado de aquí y de allá, del que tenemos que huir si estamos a tiempo. Entender GTD puede parecer sencillo, implantarlo no tanto. Mi experiencia ha tenido y tiene momentos de luz y algunos, varios, de dolor, así que soy de los que creo que si alguien le promete la resurrección de su productividad en pocas sesiones, desconfíe. Mejor, confíe que se trata de un muerto. Además hay mucha y buena gente que le puede contar la verdad, su verdad y no estoy pensando en quien esto escribe.

Leer, en este caso, es altamente productivo.

Para quien esté en fase de arranque o haya empezado a aplicarlo o necesite mejorarlo o, simplemente, requiera un poco más de claridad sobre GTD, José Miguel Bolivar ha publicado Productividad Personal, aprende a liberarte del estrés con GTD. En mis inicios pegados al primer libro de David Allen, me obligué a leerlo con un block de notas donde iba anotando aquellas cuestiones que me parecían relevantes. No era suficiente subrayarlo. Escribir me ayudaba a entenderlo mejor. Esto no fue suficiente para encontrarme en esa fase inicial con dudas, muchas dudas. Podríamos decir que a David Allen le falta vertiente pedagógica en su escritura. Este libro es, desde la explicación general, una ayuda a la claridad y la resolución de tantas y tantas dudas que tuve y creo tuvieron muchos como yo. Imprescindible lectura de un libro escrito con precisión, enfoque, desvestido de retórica banal y a las cosas. Empiezo la relectura y alguna cosa más escribiré aquí.

Todas las acciones, pero no todas.

De tanto explicar que todo debe estar fuera de nuestra cabeza en un sistema ordenado para poder tomar la mejor decisión sobre lo que hacer a continuación, muchas veces surgen dudas sobre ciertas acciones por si deben ser sometidas al flujo de GTD o no. Creo que lo cuento con excesiva vehemencia y traslado que cada acción, por muy automática que sea, debe ser sometida al flujo. Acepto la culpa: desayunar, peinarse, ir al baño, vestirse…no deben de someterse a GTD :). Cada uno encuentra el limite, pero en caso de duda, incluyámoslo.

Hay días sin nada aparente.

Un tema que causa una cierta perplejidad inicial cuando comparto la metodología a seguir con GTD. Es la hipersaturación de fechas en nuestras tareas. Esos días, inventados en su mayor parte, que nos martillean la cabeza con una obligación artificial contraída, que no ayuda a hacer las cosas. Hay un proceso de desaprender (lamento esta palabra tan gastada), para ir eliminando aquellas fechas, que al ser irreales, laminan nuestra atención. Suele haber un consenso posterior en que la mayoría de esas fechas (las hay ciertas, por supuesto) son castigos que nos infringimos. Intente no castigarse más de lo necesario.

Aplicar correctamente los contextos.

En algún momento reciente, me pareció que mi uso de los contextos se había abierto demasiado y empezaban a perder su real sentido,  tal y como los plantea David Allen. Fui creando lo que para mi lo eran contextos, y eran simplemente etiquetas que paquetizaban tareas: informe, presupuesto, creación…Estaba equivocado. Estas etiquetas no hacían referencias a circunstancias objetivas que permiten acometer una acción con lo que la decisión de la acción siguiente no era precisa. Ha sido José Miguel Bolivar – pendiente estoy de leer lo que seguro es su magnífico libro sobre productividad- quien me ayudó a dar claridad final. Estoy terminando el proceso en todo mi sistema y encuentro ahora verdaderos contextos: @persona, @lugar, @herramienta…Lo otro era intencional y la intención cuenta, pero a veces nos hace perder la perspectiva.